La primer tormenta que alguien pudo racionalizar debe haber sido una mezcla importante de vértigo, miedo y asombro. Es un poco así, sabés? La primera vez de todo. Un poco difícil separarlas del resto, se licua rápido como todo.
Haber tenido contraste hubiera venido bien para muchas cosas, pero al final, el contraste es lo mismo que las opciones. Como toda información, pesa. Ya no se puede no tener en cuenta.
Y ahora estoy así, sumamente coloquial, y con la cabeza en mil lados, picoteando paredes de superficies extrañas y pestañeando seguido esperando otro escenario.
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