domingo, 29 de julio de 2012

Sin hilos

No sigue un hilo, es evidente.
Se pueden ver sus pasos, que son saltos. Como si anduviera en zancos.
Se estira por las veredas mirando hacia abajo, buscando que su paso sea constante y efectivo.
Supone que en esa esquina lo espera su objetivo, y lo mira (aunque no, no está ahi). Corre, aprieta las piernas, aprieta sus puños y hace una última corrida, hacia la meta inexistente.

Festeja. Abraza a los transeúntes, los hace participes. Todos son parte de este gran evento, el día que llegó, la cinta cortada, el sudor victorioso.
Esto perdura por algunos minutos, entre caras extrañadas y cómplices. Nuestro héroe sigue festejando. Toma de los hombros a una señorita, le dice que la ama con honestos ojos soñadores, la abraza dulcemente.

Y vuelve a correr.